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AGIFES, tiene como misión contribuir activamente a la mejora de la Salud Mental de la
sociedad guipuzcoana y centra su labor, principalmente, en mejorar la
calidad de vida de las personas con enfermedad mental y sus familiares. En ese
sentido, esta asociación trabaja para procurar autonomía y desarrollo
personal a las personas con problemas de Salud Mental, favoreciendo su recuperación
e inserción comunitaria. Asimismo, Agifes presta apoyo y cobertura a los
familiares y cuidadores. Llevan a
cabo actividades formativas y de sensibilización, con el fin de ampliar
el conocimiento social de las enfermedades mentales y contribuir a la
superación de los prejuicios y mitos que rodean al colectivo. Con este fin
surgió el certamen de relatos cortos. Hoy os presentamos 3.
PREMIO: "La otra puerta" de Piedad Baca Romero
Su cabeza era un caos de ruidos, voces
incongruentes, luces deslumbrantes y oscuridad terrorífica.
Apelotonados y en barullo, todos hablaban al
equipo de urgencias que intentaba poner orden y controlar al enfermo.
–Jaime está bien –dijo el director de
la emisora consiguiendo, como todos los días, acallar el escándalo. Pero de
pronto entró en una espiral de improperios. De su boca salía un disparate tras
otro, en tonos discordantes de voces impostadas. Sus gestos eran ridículos y
desquiciados.
Qué diferencia con el joven simpático y buen
comunicador que con gran esfuerzo dirigió el programa líder de audiencia en la
sobremesa diaria. Para que lo entendáis: se había vuelto loco. O, como
diagnosticó el doctor: “una crisis sicótica”, y era imprescindible su
internamiento en la unidad psiquiátrica para su estudio y posterior
tratamiento.
Esquizofrenia aguda, le diagnosticaron.
Medicación, dormir, levantarse, comer y pasear, fueron sus rutinas diarias.
Necesitaba salir del círculo, propio de la enfermedad, que Jaime sin querer
había cerrado.
–Voy a proponerte un reto.
El joven psiquiatra se lo planteó de forma
directa. Él no tenía ganas ni de escuchar, ni mucho menos de luchar para
superar desafíos. Después de cinco meses se sentía mejor, las alucinaciones
casi habían desaparecido. Pero aún quedaba un gran problema, al estar lúcido
podía reconocer el terrible mal. ¿Por qué le había tocado a él? Encontrarse en
aquel lugar rodeado de “locos” lo desgarraba de tal forma que la vida carecía
de sentido. El miedo a una nueva crisis, a reencontrarse con sus compañeros, a
perder el trabajo, miedo al miedo.
–Bueno te cuento –oyó la voz del
psiquiatra como un eco–, quiero crear una radio interna en el centro.
Jaime abrió los ojos como platos y comenzó a
reír:
– Ahora el que esta loco eres tú,
¿sabes el dineral que hace falta para montar una emisora? ¿Y el personal? ¿Y
los equipos? Además, no estoy interesado en nada, todo me da igual. Paso…
–Como te iba diciendo –sin hacer caso
a sus comentarios siguió contándole su proyecto de comunicación-, podríamos
llenar de vida a todos los que de una forma u otra vivimos aquí, sería un
programa nuestro, habría concursos, tertulias, música, entrevistas y lo que se
nos ocurra.
Jaime repitió:
–¡El loco eres tú! Tú eres el
que tendría que estar ingresado aquí. ¡Ah! ya sé, como viste en televisión la
radio que tenían los “chiflados argentinos”, quieres copiar el modelo.
–¿Y qué si quiero copiar?, me encantó
la idea cuando los vi en televisión. Y como aquí tenemos megafonía en todo el
centro, solo nos falta tu voz y tus conocimientos, por eso te lo planteo. Ya
veo que pasas, olvídate del tema, sigue con tu rutina, lamentándote y no
aceptando la realidad.
Desde aquel momento, Jaime dejó de pensar en
su desgracia para dar vueltas a la cutre radio que el psiquiatra le había
planteado. Idea grotesca, aunque continuó cavilando. Esa noche durmió bien. Al
despertarse, la propuesta radiofónica no le pareció tan descabellada; con un
micrófono, él podía hacer milagros. Llenaría de vida aquel lugar lleno de
pesadas huellas deambulantes. Estaba deseando bajar al taller para plasmar en
una página sus ideas. Desayuno rápidamente y fue al ordenador. Abrió una nueva
carpeta que tituló: “La radio”. Y comenzó su guión. Objetivos: hacer un
programa participativo y divertido, ¡aquí ya hay bastantes penas! Tarea
difícil, los oyentes eran de lo más variado en género, raza, edad, nivel social
y cultural, un minúsculo universo; solo faltaban los niños, aunque algunos
enfermos retornaban a su infancia, ingenuas mentes habitando fornidos cuerpos.
Por un momento se quedó pensativo filosofando: la enfermedad nos hace a todos
iguales, indefensos…
Se involucró tanto en el tema que no le
importaban las dificultades, la ilusión era tan grande que el fin simplificaba
los problemas. Estaba deseando contarle al médico sus pensamientos. Aparcó las
meditaciones y continuó diseñando el proyecto: la emisión duraría solo una
hora, no quería cansar, era importante dejar con ganas de escuchar a sus
medicados oyentes de atención dispensa. Sería una emisión matutina, cuando el
personal esta más despejado. Sin darse cuenta, llegó la hora de comer, bajó al
comedor y con un talante inusual hasta ese momento, saludó y comenzó a
relacionarse con sus compañeros de fatigas, quería conocerlos. Sorprendidos,
iban respondiendo de forma torpe, efusiva o atropellada según el estado anímico
de cada uno.
El guión iba tomando forma y el programa
estaba casi definido, pero necesitaba concretar un tema: Desde dónde se
realizaría la transmisión. Se acercó al despacho del psiquiatra, estaba en un
congreso y faltaría unos días del centro. Él necesitaba contar sus propuestas,
empezó a inquietarse, se sentía solo, desanimado; la enfermera notó el cambio
de actitud y logró calmarlo. Su necesidad era tan grande que, borboteando una
frase tras otra, le relató el magnífico plan. Como buena profesional, pudo
controlar su mente y lo animó a esperar. Pasaron varios días y el doctor seguía
de viaje. Entonces, decidido, tomó una determinación: hablaría con el
director del centro. Escribió un resumen del proyecto y consiguió que lo
recibiera en su despacho. A cambio de algunas responsabilidades y compromisos, el
director apoyó su propuesta y entre los dos pusieron fecha para el estreno del
programa.
–¡Por fin tengo un lugar! –Dando
saltos de alegría, bajó al despacho de la recepcionista. Allí, a través de un
anticuado micrófono se notificaban las comunicaciones de forma aburrida y
monótona. Delante del micro se transformó, le pareció encontrarse en el estudio
más moderno. Él era la “Voz”, una voz de vida tan necesaria en aquel adormecido
hospital.
Volvió deprisa a su habitación. Subió a la
terraza. Deambuló de un lado a otro, besando y abrazando a todo ser viviente.
–¡Está como una cabra! –comentó un
anciano en chándal que sin prisa fumaba un cigarrillo.
–Qué pena, es tan joven –le contestó
una señora mientras se frotaba las manos sin parar.
Pero no, sus ojos eran volcanes de brillo y
ardor que manaban dicha al alcanzar su meta. Poco a poco se fue aplacando,
buscó a la enfermera para llamar a su madre.
–Mamá, ¡qué alegría oírte! Necesito
que estés aquí el próximo jueves a las diez de la mañana.
–¿Has empeorado? Te noto inquieto.
–No te preocupes, mamá, estoy
fenomenal. ¡Ah!, te voy a pedir un favor. El traje gris, el último que me
compré, ¿me lo podrías enviar para el miércoles?
–¡Hijo!, ¿de verdad que estás bien?
¿Para qué quieres el traje? Ahí solo lleváis chándal. ¡Dios mío! Otra vez con
las alucinaciones. Por favor, pásame a la enfermera. Te quiero, cuídate.
Llegó el gran día. Embutido en el traje gris,
abrió el micrófono, ordenó sus papeles y:
–Buenos días. Bartolomé, Javier,
Lola...
El saludo llegó a todos los rincones del
centro. Como platos, los enfermos abrieron sus ojos, las miradas sorprendidas
se dirigieron hacia los altavoces del techo.
– ¿Has oído Lola? Bartolomé soy yo...-
Sonriendo, buscó la voz con sus manos.
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| (Nos gustan los cuentos). Ilustración del cuento "El árbol rojo" |
Un relato
maravilloso. Maravillosos son también los relatos, cuentos y poemas de Edgar Allan Poe. Un ejemplo
¿Deseas
que te amen?
¿Deseas
que te amen? No pierdas, pues,
El
rumbo de tu corazón.
Solo
aquello que eres ha de ser
Y
aquello que no eres, no.
Así, en
el mundo, tu modo sutil,
Tu
gracia, tu bellísimo ser,
Será
objeto de elogio sin fin
Y el
amor…un sencillo deber.
¿Sabéis decir cuánto de extraordinario fue Edgar Allan Poe?
La acuciosidad de los detalles que se aprecian en sus
cuentos hablan de una personalidad
extraordinaria y él mismo dice: “Tengo cambios muy marcados. De la mayor
depresión persistente puedo pasar a una exaltación o júbilo inmenso con una
gran voracidad por trabajar” (Lo que hoy ha sido interpretado por algunos como
un Trastorno Bipolar).
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| Nos gusta el color rojo.Es el color de la acción. Estimula el poder creativo. Ayuda a ser objetivo y a percibir lo que es realmente importante, proporciona honradez e iniciativa (eso dicen) |



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