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Nicole, nos sorprendió con un “Tête de moine” que por cierto
tiene una historia muy particular. (Gracias Nicole)
Un queso que los monjes benedictinos comenzaron a elaborar
en el Siglo XII en la Abadía
de Bellay (una antigua abadía de la orden
Premonstratense, que hoy en día es una clínica de Salud Mental) en la localidad
de Bellelay, perteneciente a la comuna suiza de Saicourt, en el Jura bernés, en
la diócesis de Basilea), con el objeto de aprovechar la abundancia de leche
de vaca del verano para los meses de invierno.
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La invasión de las tropas revolucionarias francesas llevó
consigo el desmantelamiento de la abadía a finales del siglo XVIII. A partir de
entonces el queso se fabricó en queserías de la zona, y poco después empezó a
denominarse tête de moine (cabeza de monje) por el parecido
del raspado con la tonsura monacal. Pero el verdadero momento clave para la
variedad llegó en 1981, cuando Nicolas Crevoisier creó el aparato de corte que
lo lanzó a la fama.
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Crevoisier era un mecánico de precisión que trabajaba en
la industria relojera. Cuando esta entro en crisis, dedicó sus esfuerzos a
inventar un trasto que facilitara la tarea de raspar el tête de moine, para la
que se requería cierta habilidad. Antes se habían fabricado algunos artilugios
un tanto estrambóticos. Crevoisier dió con la solución definitiva al atreverse
a clavar la cabeza de monje sobre un eje.
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Como la del gruyer, la elaboración del cabeza de monje
está regulada de manera estricta. Sólo se lleva a cabo en nueve queserías de la
región montañosa de Jura, con leche de vacas que pastan al aire libre. El sabor
particular del queso se debe al tipo de hierba y de flores que comen los
animales, además de a las bacterias específicas usadas en la producción del
queso.
Sara nos presentó a Kynil que habló de Bulgaria, de sus más
de 109 etnias y de su música.
La tradición musical de Bulgaria puede ser rastreada hasta
inicios de la Edad Media.
Uno de los primeros compositores conocidos de la Europa Medieval ,
Yoan Kukuzel (ca. 1280-1360). Alrededor de 90 de sus obras en todos los estilos
eclesiásticos han sobrevivido hasta hoy en día, siendo posiblemente la más famosa
aquella titulada Polieleion de las mujeres búlgaras, dedicada a su madre que,
según algunos investigadores, contiene elementos de canciones fúnebres
tradicionales de Bulgaria.
Instrumentos
La música búlgara utiliza una amplia gama de instrumentos.
Algunos instrumentos populares son variantes de los instrumentos tradicionales
de Asia, como el “Saz” (tambura búlgaro), o el Kemence (Búlgaro gadulka).
Instrumentos de estilo más moderno a menudo se utilizan en la música de baile
más moderno que fue una rama de la música tradicional de la aldea.
Los instrumentos populares
Los grupos musicales búlgaros utilizar instrumentos que
comúnmente incluyen:El gaida, Un tradicional de piel de cabra gaita. Hay dos
tipos comunes de gaida. El gaida tracio está sintonizado ya sea en D o en A. El
gaida Rhodopi, llamado gaida kaba, es más grande, tiene un sonido mucho más
profundo y se sintoniza en F. El kaval, una flauta extremo-soplada que está muy
cerca de la kaval turco, así como del árabe “Ney”. El gadulka. Un instrumento
de cuerda frotada tal vez desciende del rabel, en posición vertical, con la
melodía y cuerdas simpáticas. El tǔpan,
Un gran tambor llevada sobre el hombro por el jugador y golpear con un batidor
(“Kiyak”) en un lado y una punta fina (“osier”) en el otro. El tambura, Un
cuello largo metal-strung laúd con trastes, utilizado para el acompañamiento
rítmico, así como los solos melódicos. No es diferente de la buzouki griego. El
tarabuka o dumbek, Un reloj de arena en forma de dedo-tambor. Es muy similar a
la de Turquía y el Norte de África “darbooka” y del griego “touberleki”.
En El vídeo que adjuntamos podemos escuchar las voces búlgaras.
Maravillosas, verdad?
Y para terminar, chocolate Suizo. Otro detalle de Nicole.
Suiza es un pequeño país alpino con un clima templado
centroeuropeo. No posee por tanto un clima tropical. Además, nunca ha tenido
colonias en América ni en África ni en otras partes del mundo.
Precisamente por esa falta de tradición colonizadora hay
que hacerse la pregunta: ¿cómo pudo un país como Suiza, una pequeña y pacífica
república alpina, desarrollar una tan sofisticada cultura en el arte de
fabricar el chocolate?
Los conquistadores españoles del Siglo XVI fueron los
culpables. Con el paso del tiempo la infanta Ana de Austria lo lleva Francia y se pone de moda. En el S. XIX el
chocolate “a la taza” es importado a Suiza. Philippe Suchard abrió en 1826 en
Serrières una fábrica de chocolate. . Fue seguido por Jacques Foulquier
(predecesor de Jean-Samuel Favarger) en el mismo año en Ginebra, Charles-Amédée
Kohler 1830 en Lausana, Rudolf Sprüngli en Zurich en 1845, Aquilino Maestrani
1852 en Lucerna, St. Gallen tarde, Johann Georg Munz 1874 en Flawil, Jean
Tobler 1899 en Berna. Después de muchos intentos se logró la combinación del
chocolate con leche y se desarrolló la “homogeneización” para el primer
chocolate “fondant” en el mundo. Pronto lograron gran reputación por todo el
mundo.





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