¿Cómo compaginar de una manera efectiva el derecho a la
libertad de expresión (y su otra cara, que es el derecho de los ciudadanos a
recibir una información completa y veraz) con otros derechos también
importantes como son el derecho a la seguridad, el derecho a la intimidad, o el
derecho de las minorías a contar con un tratamiento justo en los medios de
comunicación? Si no se quiere caer en regulaciones peligrosas para todos, la
mejor vía parece ser la de la autorregulación.
En esta línea se inscriben los códigos deontológicos de
carácter corporativo, los estatutos de redacción de algunos medios
informativos, la figura del ‘defensor del lector’ (o del telespectador) y otros
mecanismos que, actuando conjuntamente, tienden a ir tejiendo un compromiso de
calidad entre los profesionales de la comunicación y los ciudadanos.
En España desde hace algunos años ya se cuenta con códigos
éticos de la profesión periodística que, aunque de forma trabajosa (pero jamás
coercitiva), dan algunas pistas de carácter general acerca de ese difícil
equilibrio entre el derecho a la información y el respeto a otros derechos de
los ciudadanos. Tales son los proclamados en su momento por la Federación de
Asociaciones de la Prensa
de España (FAPE) en el año 1994 y por el Colegio de Periodistas de Cataluña
(1992). Pero a estos códigos que se refieren a principios generales se han ido
añadiendo otros documentos que apelan a la calidad informativa en ámbitos
concretos de la vida social. Y junto a los códigos e informes ya existentes de
diversos sectores (racismo, discapacidad, género, etc.) esta guía quiere venir
a completarlos, en referencia especifica a la Salud Mental.
Se considera prioritario que se haga todo lo posible para
erradicar estereotipos y tópicos que afectan a las personas que padecen una
enfermedad mental y a su entorno. Y los profesionales de los medios de
comunicación deberían asumir una responsabilidad en este sentido.
Como ha ocurrido y ocurre con todas las iniciativas de
autorregulación, ésta pretende establecer una complicidad constructiva entre el
colectivo afectado y los medios de comunicación, para que desde el conocimiento
y asunción de las condiciones de ambos sectores, el compromiso mutuo y un
trabajo conjunto, puedan difundirse a la sociedad informaciones normalizadoras
e integradoras del colectivo. Se trata, en definitiva, de hacer pedagogía.
Es bastante frecuente encontrar noticias relacionadas con
sucesos violentos en que se cita que el acusado (o presunto autor) padece una
enfermedad mental. Este tipo de noticias son insertadas mayormente en la
sección de sucesos, con lo que aparecen mezcladas con otras noticias
relacionadas con agresión,violencia,actos ilegales, etc.
Suelen incluir en el titular la circunstancia de la
dolencia del implicado, por lo cual cobran un carácter morboso que contribuye a
captar más la atención del lector. Son noticias breves en que la información se
sintetiza de manera incorrecta, de forma que queda simplificada y se pierden
datos relevantes. La omisión de cierta información hace que ésta esté sesgada,
con lo que se mantienen los prejuicios. Por ejemplo, no se suele profundizar en
el estado de la persona con enfermedad mental (si estaba bajo tratamiento,
siguiendo la medicación, etc.). Este tipo de noticias, por un efecto de
correlación ilusoria, hace que se perpetúen ideas como que las personas con un
trastorno mental son violentas, agresivas y peligrosas, y que actúan de forma
irracional, lo que está comprobado que es falso. En otros casos se confunden
las causas reales de una agresión o conducta violenta relegándola a un problema
psiquiátrico cuando muy probablemente sea debido a problemas socio-económicos,
violencia de género, educacionales, etc.
Muchas de las creencias que tiene la sociedad en general
pueden ser incorrectas: las personas que la padecen no tienen una doble
personalidad, ni son individuos deshumanizados e irracionales, no son
agresivas, etc. Reflexionar y documentarse antes de reproducir falsas
creencias. Una conducta violenta no puede justificarse sólo a causa de una
enfermedad mental. Las personas con enfermedad mental tiene la misma
probabilidad de cometer un acto delictivo que cualquier otra. No prejuzgar ni relegar
la causa de un acto violento o delictivo a una enfermedad mental porque muy
pocas veces existe una sola causa que explique una conducta de este tipo. No omitir
información relevante para entender el hecho porque puede dar una visión sesgada
que fomente y mantenga prejuicios. Actuar de dos formas: o limitarse a describir
los hechos directamente observables (sin aventurarse a prejuzgar la causa del
hecho a una enfermedad mental) o bien llegar a mostrar todas las circunstancias
contextuales y factores causales sin relegar la enfermedad como única causa
para no asumir la pluralidad de responsabilidades.
Ilustrar las informaciones sobre personas con enfermedades
mentales con el material gráfico adecuado.
La mayoría de las enfermedades mentales no se perciben
físicamente. Los medios de comunicación impresos y la televisión necesitan
ilustrar sus informaciones. Para ello recurren muchas veces a fotografías
inadecuadas, que muestran síntomas externos de otras dolencias más
‘visibles’.Esta práctica contribuye poderosamente a mantener el confusionismo
que existe entre diversas patologías. En la medida de lo posible debe aplicarse
a la información gráfica todo lo indicado en los puntos anteriores.


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