miércoles, 8 de octubre de 2014

Salud Mental y Medios de Comunicación - Guía de Estilo- Cada vez son más los medios de comunicación y los periodistas que consideran que la mejor vía para elevar la calidad de la información y su talante ético es la autorregulación.


 ¿Cómo compaginar de una manera efectiva el derecho a la libertad de expresión (y su otra cara, que es el derecho de los ciudadanos a recibir una información completa y veraz) con otros derechos también importantes como son el derecho a la seguridad, el derecho a la intimidad, o el derecho de las minorías a contar con un tratamiento justo en los medios de comunicación? Si no se quiere caer en regulaciones peligrosas para todos, la mejor vía parece ser la de la autorregulación.

En esta línea se inscriben los códigos deontológicos de carácter corporativo, los estatutos de redacción de algunos medios informativos, la figura del ‘defensor del lector’ (o del telespectador) y otros mecanismos que, actuando conjuntamente, tienden a ir tejiendo un compromiso de calidad entre los profesionales de la comunicación y los ciudadanos.

En España desde hace algunos años ya se cuenta con códigos éticos de la profesión periodística que, aunque de forma trabajosa (pero jamás coercitiva), dan algunas pistas de carácter general acerca de ese difícil equilibrio entre el derecho a la información y el respeto a otros derechos de los ciudadanos. Tales son los proclamados en su momento por la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) en el año 1994 y por el Colegio de Periodistas de Cataluña (1992). Pero a estos códigos que se refieren a principios generales se han ido añadiendo otros documentos que apelan a la calidad informativa en ámbitos concretos de la vida social. Y junto a los códigos e informes ya existentes de diversos sectores (racismo, discapacidad, género, etc.) esta guía quiere venir a completarlos, en referencia especifica a la Salud Mental.

Se considera prioritario que se haga todo lo posible para erradicar estereotipos y tópicos que afectan a las personas que padecen una enfermedad mental y a su entorno. Y los profesionales de los medios de comunicación deberían asumir una responsabilidad en este sentido.

Como ha ocurrido y ocurre con todas las iniciativas de autorregulación, ésta pretende establecer una complicidad constructiva entre el colectivo afectado y los medios de comunicación, para que desde el conocimiento y asunción de las condiciones de ambos sectores, el compromiso mutuo y un trabajo conjunto, puedan difundirse a la sociedad informaciones normalizadoras e integradoras del colectivo. Se trata, en definitiva, de hacer pedagogía.

Es bastante frecuente encontrar noticias relacionadas con sucesos violentos en que se cita que el acusado (o presunto autor) padece una enfermedad mental. Este tipo de noticias son insertadas mayormente en la sección de sucesos, con lo que aparecen mezcladas con otras noticias relacionadas con agresión,violencia,actos ilegales, etc.

Suelen incluir en el titular la circunstancia de la dolencia del implicado, por lo cual cobran un carácter morboso que contribuye a captar más la atención del lector. Son noticias breves en que la información se sintetiza de manera incorrecta, de forma que queda simplificada y se pierden datos relevantes. La omisión de cierta información hace que ésta esté sesgada, con lo que se mantienen los prejuicios. Por ejemplo, no se suele profundizar en el estado de la persona con enfermedad mental (si estaba bajo tratamiento, siguiendo la medicación, etc.). Este tipo de noticias, por un efecto de correlación ilusoria, hace que se perpetúen ideas como que las personas con un trastorno mental son violentas, agresivas y peligrosas, y que actúan de forma irracional, lo que está comprobado que es falso. En otros casos se confunden las causas reales de una agresión o conducta violenta relegándola a un problema psiquiátrico cuando muy probablemente sea debido a problemas socio-económicos, violencia de género, educacionales, etc.

Muchas de las creencias que tiene la sociedad en general pueden ser incorrectas: las personas que la padecen no tienen una doble personalidad, ni son individuos deshumanizados e irracionales, no son agresivas, etc. Reflexionar y documentarse antes de reproducir falsas creencias. Una conducta violenta no puede justificarse sólo a causa de una enfermedad mental. Las personas con enfermedad mental tiene la misma probabilidad de cometer un acto delictivo que cualquier otra. No prejuzgar ni relegar la causa de un acto violento o delictivo a una enfermedad mental porque muy pocas veces existe una sola causa que explique una conducta de este tipo. No omitir información relevante para entender el hecho porque puede dar una visión sesgada que fomente y mantenga prejuicios. Actuar de dos formas: o limitarse a describir los hechos directamente observables (sin aventurarse a prejuzgar la causa del hecho a una enfermedad mental) o bien llegar a mostrar todas las circunstancias contextuales y factores causales sin relegar la enfermedad como única causa para no asumir la pluralidad de responsabilidades.

Ilustrar las informaciones sobre personas con enfermedades mentales con el material gráfico adecuado.

La mayoría de las enfermedades mentales no se perciben físicamente. Los medios de comunicación impresos y la televisión necesitan ilustrar sus informaciones. Para ello recurren muchas veces a fotografías inadecuadas, que muestran síntomas externos de otras dolencias más ‘visibles’.Esta práctica contribuye poderosamente a mantener el confusionismo que existe entre diversas patologías. En la medida de lo posible debe aplicarse a la información gráfica todo lo indicado en los puntos anteriores.





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