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| Fotografía de Juan Carlos Tomasi |
El pasado Domingo “El País Semanal”, después de cinco
años, retoma la serie “Testigos del olvido”. “Testigos del olvido” es una serie
de reportajes sobre viajes realizados a lugares con un contesto de crisis
humanitaria
Varios autores y el fotógrafo Juan Carlos Tomasi retratan
historias, lugares y situaciones de necesidad.
Abre esta nueva serie el artículo “El alma de Bouza”
escrito por Santiago Roncagliolo.
En una pequeña localidad de Níger, el país más pobre del
planeta, un joven narrador transforma los problemas de sus vecinos en bellos y
crudos cuentos .El escritor Oumarou M. Rabe nunca ha aparecido en una lista de
los más vendidos. Sin embargo, Europa ha visto a los personajes de sus novelas
y cuentos en los informativos, tratando de escalar vallas en Melilla,
esquivando a la policía o atravesando el Mediterráneo sobre barcazas atestadas.
Las noticias solo nos cuentan el final de las historias de las pateras, cuando
sus ocupantes acaban en una fosa común de Lampedusa o en un centro de acogida.
Oumarou cuenta lo que ocurre antes, en el desierto, en los pueblos a lo largo
de la ruta y en el mar ¿Os imagináis la vida de estas personas?
Y con cuentos y desiertos continuó la tarde del lunes. Hablamos de Antoine de Saint-Exupéry. El aviador francés el 30 de diciembre de
1935, después de un viaje de 19 horas y 38 minutos, y su navegador Andre Prevot
se vieron obligados a realizar un aterrizaje forzoso en la parte de Libia del
desierto del Sahara en camino a Saigón. Su avión era un Caudron C-630 Simoun
n7041 (matrícula F-ANRY) con el que pretendían batir el récord de tiempo de
vuelo desde París a Saigón por un premio de 150 000 francos. Ambos
sobrevivieron al aterrizaje, pero sufrieron los estragos de la rápida deshidratación
en el Sahara, no tenían idea de su ubicación y, según sus memorias, lo único
que tenían para alimentarse eran uvas, dos naranjas y una pequeña ración de
vino.3 Experimentaron alucinaciones visuales y auditivas, para el tercer día
estaban tan deshidratados que dejaron de transpirar y finalmente, al cuarto
día, un beduino en camello los descubrió, salvándoles la vida. Dicen que esta experiencia y el estrés con el
que convivía le llevaron a escribir el cuento (para adultos) “El Principito”.
El principito es un cuento poético que viene acompañado de
ilustraciones hechas con acuarelas por el mismo Saint-Exupéry.10 En él, un
piloto se encuentra perdido en el desierto del Sahara luego de que su avión
sufriera una avería, pero para su sorpresa, es allí donde conoce a un pequeño
príncipe proveniente de otro planeta. La historia tiene una temática
filosófica, donde se incluyen críticas sociales dirigidas a la «extrañeza» con
la que los adultos ven las cosas. Estas críticas a las cosas «importantes» y al
mundo de los adultos van apareciendo en el libro a lo largo de la narración.
El Principito: personaje principal del libro,
toda la historia está basada en él. Es un niño que viaja de planeta en planeta
haciendo preguntas que se dan por hechas, y que no interesan a nadie. Vive en
un pequeño planeta que podríamos identificar no como un planeta, sino como su
propia vida, así el resto de planetas que visita son en realidad las vidas de
otras personas que conoce. El hecho de que su planeta sea tan pequeño viene a
decirnos que tiene mucho por vivir y aprender.
El aviador: coprotagonista, es un adulto que intenta razonar y
actuar como un niño, pero sabe que en realidad no lo es, que ha perdido su
condición pero intenta recuperarla. Es nuestra propia imagen, nuestro reflejo
en la historia, el personaje que nos identifica dentro de la novela y que nos
hace ver cómo deberíamos ver las cosas y cómo en realidad las vemos, cuando nos
critica con frases como: «Si les decimos a las personas mayores: "He visto
una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en
el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso
decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos". Entonces
exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!"». Por sus
características, podemos identificar al narrador con el propio autor que nos va
guiando a lo largo de la historia
El cordero: personaje aparentemente irrelevante pero de gran
significado. Es un amigo que lo ayudará a librarse de los problemas que pueda tener
o surgirle, pero como todos los amigos sin querer, algún día, pueden volverse
en tu contra y hacernos daño.
La caja: en un achaque de ira por no saber dibujar el cordero, el
autor dibuja una caja y dice: «Esta es la caja. El cordero que quieres está
dentro». Imaginación es lo que se necesita para ver lo que hay dentro, la caja
es una alusión a la imaginación que los adultos ya no suelen usar
Los baobabs: son los problemas, hay que solucionarlos antes que sean
demasiado complicados, es la moraleja que nos deja el autor, cuando nos alerta:
«¡Niños, atención a los baobabs!». Los niños somos nosotros. Hay que tener
disciplina, cuidado, estar atento siempre para diferenciar lo bueno de lo malo
y actuar en consecuencia.
Los volcanes: tareas comunes del día a día, no son un problema
como los baobabs, son simplemente cosas que hay que hacer para que todo vaya
bien, y hay que hacerlo aunque no nos guste, aquí se vuelve a hacer hincapié en
la disciplina.
El fanal o globo: la protección, los celos o los mimos y cuidados que hay
que tener para que la «Rosa» se sienta protegida y querida, aunque realmente no
los necesita
El zorro personaje medular de la historia,
quien hace ver al Principito la esencia, pero también las dificultades y costos
de la amistad
Interesante ¿Verdad?
También hablamos de otro cuento. Un cuento que escribió
Susana hace tiempo y del que os hablaremos otro día.
Os enlazamos a un vídeo interesante sobre lJuan Carlos Tomasi




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