sábado, 15 de noviembre de 2014

El lunes pasado, como os adelantamos en nuestro Fb, hablamos de cuentos en el taller.

Fotografía de Juan Carlos Tomasi
  
El pasado Domingo “El País Semanal”, después de cinco años, retoma la serie “Testigos del olvido”. “Testigos del olvido” es una serie de reportajes  sobre viajes  realizados a lugares con un contesto de crisis humanitaria

Varios autores y el fotógrafo Juan Carlos Tomasi retratan historias, lugares y situaciones de necesidad.

Abre esta nueva serie el artículo “El alma de Bouza” escrito por Santiago Roncagliolo.

En una pequeña localidad de Níger, el país más pobre del planeta, un joven narrador transforma los problemas de sus vecinos en bellos y crudos cuentos .El escritor Oumarou M. Rabe nunca ha aparecido en una lista de los más vendidos. Sin embargo, Europa ha visto a los personajes de sus novelas y cuentos en los informativos, tratando de escalar vallas en Melilla, esquivando a la policía o atravesando el Mediterráneo sobre barcazas atestadas. Las noticias solo nos cuentan el final de las historias de las pateras, cuando sus ocupantes acaban en una fosa común de Lampedusa o en un centro de acogida. Oumarou cuenta lo que ocurre antes, en el desierto, en los pueblos a lo largo de la ruta y en el mar ¿Os imagináis la vida de estas personas?

Y con cuentos y desiertos continuó la tarde del lunes. Hablamos de Antoine de Saint-Exupéry. El aviador francés el 30 de diciembre de 1935, después de un viaje de 19 horas y 38 minutos, y su navegador Andre Prevot se vieron obligados a realizar un aterrizaje forzoso en la parte de Libia del desierto del Sahara en camino a Saigón. Su avión era un Caudron C-630 Simoun n7041 (matrícula F-ANRY) con el que pretendían batir el récord de tiempo de vuelo desde París a Saigón por un premio de 150 000 francos. Ambos sobrevivieron al aterrizaje, pero sufrieron los estragos de la rápida deshidratación en el Sahara, no tenían idea de su ubicación y, según sus memorias, lo único que tenían para alimentarse eran uvas, dos naranjas y una pequeña ración de vino.3 Experimentaron alucinaciones visuales y auditivas, para el tercer día estaban tan deshidratados que dejaron de transpirar y finalmente, al cuarto día, un beduino en camello los descubrió, salvándoles la vida.  Dicen que esta experiencia y el estrés con el que convivía le llevaron a escribir el cuento (para adultos) “El Principito”.

El principito es un cuento poético que viene acompañado de ilustraciones hechas con acuarelas por el mismo Saint-Exupéry.10 En él, un piloto se encuentra perdido en el desierto del Sahara luego de que su avión sufriera una avería, pero para su sorpresa, es allí donde conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta. La historia tiene una temática filosófica, donde se incluyen críticas sociales dirigidas a la «extrañeza» con la que los adultos ven las cosas. Estas críticas a las cosas «importantes» y al mundo de los adultos van apareciendo en el libro a lo largo de la narración.



El Principito: personaje principal del libro, toda la historia está basada en él. Es un niño que viaja de planeta en planeta haciendo preguntas que se dan por hechas, y que no interesan a nadie. Vive en un pequeño planeta que podríamos identificar no como un planeta, sino como su propia vida, así el resto de planetas que visita son en realidad las vidas de otras personas que conoce. El hecho de que su planeta sea tan pequeño viene a decirnos que tiene mucho por vivir y aprender.



El aviador: coprotagonista, es un adulto que intenta razonar y actuar como un niño, pero sabe que en realidad no lo es, que ha perdido su condición pero intenta recuperarla. Es nuestra propia imagen, nuestro reflejo en la historia, el personaje que nos identifica dentro de la novela y que nos hace ver cómo deberíamos ver las cosas y cómo en realidad las vemos, cuando nos critica con frases como: «Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!"». Por sus características, podemos identificar al narrador con el propio autor que nos va guiando a lo largo de la historia

El cordero: personaje aparentemente irrelevante pero de gran significado. Es un amigo que lo ayudará a librarse de los problemas que pueda tener o surgirle, pero como todos los amigos sin querer, algún día, pueden volverse en tu contra y hacernos daño.

La caja: en un achaque de ira por no saber dibujar el cordero, el autor dibuja una caja y dice: «Esta es la caja. El cordero que quieres está dentro». Imaginación es lo que se necesita para ver lo que hay dentro, la caja es una alusión a la imaginación que los adultos ya no suelen usar



La Rosa: personaje que nos pone de manifiesto el amor del principito. La Rosa no es una flor cualquiera, es su amor. Es espléndida, es magnífica entre otras muchas, y es única en su «planeta». Ha habido otras, pero ésta es la que ha «florecido» y perdura, es la metáfora de la mujer que ama, que se ha quedado para siempre en su corazón. Bonita, huele bien, perfecta y, al mismo tiempo, llena de imperfecciones. Es frágil, hay que cuidarla, mimarla, estar siempre atento; además es orgullosa, vanidosa, egoísta y mentirosa. Aún así es su flor, única entre otras. Pone de manifiesto la inocencia del principito, su inexperiencia. Responsable de la huida del principito por crearle una gran confusión con su forma de hacer o decir las cosas

Los baobabs: son los problemas, hay que solucionarlos antes que sean demasiado complicados, es la moraleja que nos deja el autor, cuando nos alerta: «¡Niños, atención a los baobabs!». Los niños somos nosotros. Hay que tener disciplina, cuidado, estar atento siempre para diferenciar lo bueno de lo malo y actuar en consecuencia.

Los volcanes: tareas comunes del día a día, no son un problema como los baobabs, son simplemente cosas que hay que hacer para que todo vaya bien, y hay que hacerlo aunque no nos guste, aquí se vuelve a hacer hincapié en la disciplina.

El fanal o globo: la protección, los celos o los mimos y cuidados que hay que tener para que la «Rosa» se sienta protegida y querida, aunque realmente no los necesita

El zorro personaje medular de la historia, quien hace ver al Principito la esencia, pero también las dificultades y costos de la amistad

Interesante ¿Verdad?

También hablamos de otro cuento. Un cuento que escribió Susana hace tiempo y del que os hablaremos otro día.

Os enlazamos a un vídeo interesante sobre lJuan Carlos Tomasi





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